Encuentro Cristiano Universitario Andino 2016. Una perspectiva personal.

Mientras el mundo seguía su ajetreado ritmo; de tráfico, tareas y preocupaciones; un grupo de estudiantes y profesionales de diferentes lugares, entre los cuales yo me encontraba, detuvo su paso por una semana para asistir a la convocatoria del ECUA, el Encuentro Cristiano Universitario Andino.

Quiero compartir una parte pequeña de mi experiencia. Si quieres conocer la historia oficial, visita el blog del ECUA dando clic aquí; lo mío es solamente una respuesta individual.

Aquí voy…

Si bien, alejarse del ruido de la rutina es algo difícil, detener el ruido que uno lleva por dentro, es mucho más complicado. No hay voz más estridente que la propia; persiguiéndonos, recordándonos todo lo que no debería ser, pero es; o todo lo que debería ser, pero no es.

Ningún evento comienza desde cero. Comienza con la realidad que cada persona carga consigo misma. Y así llegué al ECUA, intentando huir de mí, pero sabiendo que no lo lograría, diciendo una oración sincera a Dios, pero sintiéndola vacía.

¿Y las expectativas?

Simplemente estar ahí. Observando, escuchando e intentando no intentar nada más que eso.

Todo comenzó. Una micro-sociedad temporal con un cronograma de actividades a seguir, con sus emblemas, personajes y valores característicos. Me preguntaba si de verdad yo era parte de esto. Quise de verdad que así fuera.

El ruido ajeno puede traer silencio interno a veces, y cuando dejé de querer irme, de a poco mis voces comenzaron a taparse con el espíritu general del ECUA: Alegría. Esperanza. Misión.

Temiendo a mi propia sinceridad, preferí hablar menos. El entusiasmo de la gente no es algo con lo que podría entrometerme. No quiero estropear el discurso de nadie con el mío; no sería fácil lidiar con esa culpa.

Un fragmento de mí quería permitirse emocionar; pero en lugar de eso, los cuestionamientos y la melancolía pesaban más.

¿Y qué tiene de malo cuestionar? ¿Qué tiene de mala la melancolía? Nada. Nada mientras no haya quien juzgue lo contrario. Y como quería evitar juicios, los oculté tan bien como pude.

De a poco iba disfrutando más, sonriendo sinceramente y queriendo descubrir a los otros y no solo a mí misma. Mis oídos se iban abriendo, los mensajes iban presentándose más claros, incluso veía partes de aplicación personal. Siempre luchando, pero de a poco, siendo parte.

Admiré el ejemplo de varias personas y en ciertas características, quise ser como ellos. Rescato muchas cosas sobre las cuales debería profundizar más, pero eso lo dejo para después.

Sabía que la burbuja que creamos tenía una fecha de caducidad muy próxima. No puede uno quedarse para siempre en el lugar cómodo, con gente fácil de querer y de estar de acuerdo.  ¿Era nuestra burbuja una de incubación y daría vida a nuevos horizontes o solo era un lugar estéril para sentirse bien y moriría al final de la semana? ¿Qué pasaría después del evento?

¿Iban a volver mis voces a gritarme aun con más fuerza? Sabía que sí. Siempre vuelven. Las enfrento, me debilitan, las venzo, regresan. Eventos como este, hacen que aprenda un poco más sobre cómo responderles.

Quedarán lindos recuerdos de esa semana, aunque algunos de ellos creados y retocados por mí. Quedan los apuntes, las fotos, los libros y las nacientes amistades. Con eso me basta.

Y ahora el mundo continúa con su ritmo, y ahora todos nosotros, los participantes del ECUA, ya estamos envueltos en él.

¿Ha cambiado algo?

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