Día 8: Mi historia como INFJ

Soy Ana, tengo 27 años, soy ecuatoriana y soy una INFJ. ¿Nací así? ¿Mi personalidad va a cambiar bajo otras circunstancias de vida? No sé, pero creo que aunque cambiaré en varios sentidos, la personalidad será algo que persista, porque así ha sido toda mi vida.

Esta es mí historia, si son INFJs no esperen identificarse con todo. Cada persona es muy  diferente a pesar de una coincidencia de personalidad.

unset

Comienzo con la foto de mi kinder porque creo que representa bien como me siento en la vida la mayor parte del tiempo. Para decirlo sencillamente: diferente.

El día de la foto era un viernes, y en mi escuela nos permitían ir con el uniforme de educación física o con otra ropa, solo que para la ocasión debíamos ir con el otro uniforme. Yo no me acordé de decirle eso a mis papás y fui vestida como cualquier vienes. Cuando quisieron tomarme la foto individual me puse a llorar porque me habían dicho que no me deje tomar fotos, y además me sentía incómoda por ser la única vestida así. Este y otros recuerdos me hacen ver que siempre fui diferente, la que no encajaba, la más rara entre los raros.

En momentos de mi vida he disfrutado ser así, y en otros lo he odiado y deseado ser igual al resto. ¿Ser cómo? Les daré unos pocos detalles recurrentes de mi historia y las partes más importantes. (Perdón por no haberlo resumido más).

Soy la hija menor de la familia, por eso fui muy consentida. En casa siempre me sentí cómoda porque ahí podía ser yo misma, pero con otras personas no podía serlo. Observaba y sacaba mis conclusiones, solo eso. Recuerdo desde pequeña pensar demasiado las cosas hasta el punto de no hacer nada simplemente porque no podía llegar a una conclusión. Conocía a mis compañeros por observación, y algunos de ellos me agradaban considerablemente, pero nunca tomé la iniciativa para conocerlos. Mis amigos de la escuela fueron los que se acercaron a mí, por eso solía tener amigos extravertidos que me impulsaban y me defendían. Muchos de ellos después me cambiaban por alguien menos callado. Acepto que luché mucho con la timidez por años – timidez no es los mismo que introversión – y desde la escuela hasta el colegio fue un tiempo de ansiedad social casi permanente.

Mientras para muchos yo no pasé de ser la niña callada y aburrida, la gente que me conoció un poco más me decía que era especial y que debería dejar que el resto me conociera. Me preguntaban por qué cuando los conocí no hablaba más. Les respondía que no sabía, después aprendí a responderles que primero debía observar para después abrirme.

A los 17 años decidí que ya no podía ser tímida, todavía no tenía presente que era introvertida y que eso estaba bien, así que intenté ser extrovertida. Quería hablar todo lo que pudiera y compartir más en situaciones sociales. No lo logré. Creció en mí una frustración de poder cambiar y de creer que tenía algo descompuesto.

Durante los primeros años de universidad seguía con mi intento de no ser tímida, y como pude encontrar amigas en quienes confiar, no sentí tanta presión. Celebraba mis avances y estaba feliz con ellos, a pesar de que los comentarios de “por qué eres tan callada” nunca desaparecieron. En realidad hasta ahora no desaparecen, ni pienso que lo hagan en el futuro.

Para resumir un poco la historia, diré que la situación buena solo se mantuvo por unos 2 años y después me vi sola como nunca antes en la vida. Me di cuenta de que en realidad no había cambiado mucho, solo que tener amigas cercanas había ocultado mis problemas sociales. Ahora volvían a salir, y con más fuerza.

Mientras yo volvía a ser dura conmigo misma, a culparme por no poder ser mejor, la situación de mi universidad era insegura, había riesgo de que se cierre, así que debía decidir si cambiarme a otra o mantener las esperanzas de que no cerraría y seguir ahí. Mi rendimiento ha sido alto casi toda mi vida, mi perfeccionismo ha hecho que busque los mejores resultados; pero en ese momento mi motivación había bajado, sentía un fuerte estrés por tener que decidir qué hacer y mis notas bajaron mucho. No podía concentrarme y comenzó un dolor de cabeza constante y un cansancio que no se quitaba durmiendo. Tenía insomnio casi todas las noches y lloraba. El dolor empeoraba y también comenzaba una presión en el pecho que no se iba, no se fue hasta que el semestre terminó y tomé una decisión.

La decisión fue cambiarme de universidad, y no solo eso, cambiarme de ciudad, sola. Era la primera vez que viviría sola, y a pesar del miedo que eso me provocaba, sentía alivio de “escapar” de la universidad donde estaba.

En Quito me quedé un año, cuando ya me establecí y comenzaron las clases, pude pensar las cosas más lógicamente. Me sorprendió lo frágil que puedo llegar a ser frente a circunstancias adversas y frente a la falte de motivación o de un sentido para vivir. Quise nunca más pasar por algo así, e inconscientemente me prometí que no me dejaría caer tan bajo otra vez.

Si antes era muy perfeccionista con las tareas, ahora consideraría primero mi bienestar y mis prioridades. Si en algún momento la universidad era una prioridad para mí, ahora solo sería un medio necesario del que solo quería salir. Decidí no preocuparme de más, tomar las cosas más a la ligera, porque después de todo, lo que estudié en los años anteriores ni siquiera iba a ser válido. Quise ser auténtica más que aceptable; feliz más que perfecta; agradecida más que preocupada.

Pero el año pasó, y la universidad tenía riesgo de cerrar. Lo tomé con calma, ya saben, por la promesa implícita de nunca más caer tan bajo. Me sorprendí de mi propia madurez, solo que aun no sabía que no era madura, solo quería seguir huyendo, así que cuando me ofrecieron irme de intercambió a Noruega, casi no lo dudé, dije que contaran conmigo.

La universidad cerró y a los pocos meses me fui. La experiencia en Noruega me cambió en varios aspectos: Pude conocerme mejor, saber que era introvertida y aprender lo que me quitaba energía y cómo recargarme, aprendí a ser más sociable y a esforzarme por la gente. Aprendí que me gusta ayudar  a la gente y que prefiero tratar con unos pocos a profundidad que con muchos eventualmente. Reafirmé mis gustos y me planteé nuevos objetivos. Me sentí invencible, como nunca antes en la vida, y como nunca después. (Espero con ansias volver a sentirme así).

Puedo decir que hay diferencias muy claras en mi vida entre el antes y el después de Noruega. Puedo decir que ya no soy tímida, puedo entablar conversaciones y hablar en público sin sentir miedo o ansiedad, solo que no siempre quiero hacerlo. Decidí ser auténtica, y nunca pretender ser alguien que no soy. Amo quien soy, especialmente después de Noruega.

Cuando volví a Ecuador llegué con ganas de cambiar el mundo, estaba segura de que lo lograría. Tenía todo lo necesario para hacerlo. Eso creía.

Aun no cambió el mundo, pero lucho por definir más específicamente mis objetivos que al menos cambiarán mi mundo y el de unas pocas personas más. Cambiarán el mundo de más gente porque no puedo buscar solamente mi bien, yo debo luchar por mis ideales y verlos avanzar durante mi vida.

Sigo en la universidad, me siento presa por seguir ahí. La burocracia en probablemente lo que más odio en el mundo, porque no ve a la gente como humana sino como cifras y como un estandar que todos deben seguir. He llorado mucho por estar atrapada en una etapa que ya no soporto más. Sufro por no ser lo que esperaba ser a esta edad, siento que me traicioné a mi misma, que no soy lo suficientemente buena. Soy muy dura conmigo misma, pero sé que no me rendiré hasta ver los resultados de mi pasión, y esa es quizás una de las partes que más amo de mí misma.

Siempre me han gustado muchas cosas a la vez. Me han dicho algunas veces que podría ser buena en lo que me propusiera, y les he creído. Probablemente no debí haberles creído, porque mi orgullo creció hasta el punto de creer que era fácil lograr mis objetivos y que siempre sería mejor que el resto. No es así. No es fácil. Las cosas no se logran sin esfuerzo.

Delimité mis sueños y ahora estoy persiguiéndolos. Sé que aun falta más delimitación, que debo enfocarme en algo y dar todo por esa causa. Mis sueños son: ser ilustradora, ser escritora y ser teóloga. Solo eso, y sigue siendo muy amplio.

En cuanto a mi relación con la gente actualmente, puedo decir que tengo unos pocos buenos amigos (menos de 5, no pregunten sobre eso) con quienes disfruto compartir y hasta hablo de más; puedo ser sociable y “molestar” al resto cuando quiera, el problema es que no siempre quiero.

Lo espiritual es importante para mí, y siempre estoy en busca de un significado más profundo de la vida. Soy cristiana y desde ahí entiendo al mundo, o al menos intento entenderlo. Al igual que con mi relación con otras personas, también busco profundidad en lo espiritual. No podría conformarme con respuestas que no he pensado por mí misma. Quiero conocer más a Dios y que él esté presente en mi vida. Quiero hacer lo correcto. Últimamente lucho mucho por temas de fe, porque mi perspectiva no es la más tradicional, y porque es difícil encontrar gente que quiera hablar al respecto sin llegar al punto de condenar o de quitar importancia.

Para descansar ya sé mejor qué cosas hacer, son ciertas actividades que llegan a ser hasta terapéuticas para mí. Una de ellas es ilustrar, mientras lo hago el tiempo deja de importar y me conecto con mis propios pensamientos y la sensación de crear. Otro modo de descansar es hablar con alguien que entienda, es muy poquita la gente que me recarga, pero existen!; otros modos son: escribir, viajar sola, leer o dormir.

Ser INFJ es genial y no lo cambiaría, admito que me consideré especial cuando supe que lo era, porque es la personalidad más extraña de todas. Pero ya bajé de la nube, no creo ser mejor que otro tipo de personalidad, creo que cada persona tiene algo genial que debe aprender a potenciar, y que unos con otros nos complementamos.

Di muchas vueltas en la historia, perdón. Pero ya que está hecho, imaginen todas estas palabras en un remolino mientras buscan conectarse unas con otras, así se ve mi mente casi siempre.


Esta publicación es parte de la serie: El Mundo INFJ. Entra aquí para ver más contenido de la misma serie.

4 comentarios sobre “Día 8: Mi historia como INFJ

Agrega el tuyo

  1. Hola, realmente me agradó leer tu historia. Tu yo tenemos la misma edad ahora 😊 y ambas somo INFJ es interesante saber que hay mas como yo y bueno.. que puedo decirte… tienes una historia muy similar a la mia. Quizas podamos conocernos seria estupendo. Un saludo desde México

    Le gusta a 1 persona

  2. Hola! Yo también soy INFJ, lo he descubierto hace unos meses y gracias a ese test pude entender por qué siento que no encajo cuando estoy con un grupo de gente que acabo de conocer. Siempre he sentido esa sensación de no encajar menos con mis amigas, que son muy pocas.

    Le gusta a 1 persona

    1. Hola Alba! Saber que eres INFJ es un gran descubrimiento, para mí lo fue, me alegra que lo descubrieras :). Espero que puedas seguir conociéndote y aprendiendo más para superarte y ser más feliz. Saludos!

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: