Viajando con sobrepeso

(Originalmente escrito por mí en el 2016 para el blog del Colectivo Anormal. Iré subiendo también los demás escritos que tenía allí, porque lamentablemente el sitio no siguió)

¿Alguna vez has viajado a un lugar nuevo y no sabías qué cosas guardar en la maleta? Recuerdo una vez que me pasó a mí, era mi primer viajé a la selva y no sabía qué cosas iba a necesitar. Qué tal si llevaba ropa para el calor pero los mosquitos me comían viva, o si los zapatos que elegía no eran los adecuados, o si llovía mucho y me quedaba sin más ropa que usar. Entonces decidí que debía llevar de todo un poco y estar segura de tener conmigo todo lo que pudiera necesitar.

Cuando llegamos allá y el resto del camino debíamos seguirlo a pie, me puse mi gran mochila a la espalda y comencé a caminar. Unos pasos más adelante estaba cansada, la mochila estaba muy pesada y solo me estorbaba.

La Biblia dice: “Esforzaos por entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán” Lucas 13:24

Así como yo llevé más equipaje del que era necesario y solo me estorbó, así estorba nuestra autosuficiencia cuando queremos llegar a Dios. A veces caminamos con nuestro equipaje de méritos a todos lados y creemos que por eso somos salvos, creemos que por ayudar a otros, por ir a una iglesia o ser parte de una familia cristiana, Dios nos va a recibir. No es así.

La Biblia también nos dice que aun a quienes le digan a Jesús “Delante de ti comimos y bebimos, y en nuestras plazas enseñaste” (Lucas 13:26), Jesús les dirá “no sé de dónde son, apártense de mí, hacedores de maldad”. ¡Wow! Jesús está otra vez amenazando el orden religioso se esos tiempos (y de los nuestros) y exigiendo un compromiso que va más allá de lo que podamos aparentar o pretender alcanzar.

Jesús es la puerta estrecha, y pocos lo hallan, porque para identificarse con él es necesario dejar de lado nuestra autosuficiencia. No puedo pasar por la puerta estrecha con un equipaje lleno de mí misma.

Cuando dejamos de intentar salvarnos a nosotros mismos, liberamos nuestras manos para aceptar los méritos de Jesús. Su sacrificio por nosotros es lo único que nos puede salvar.

¿Permites que Dios sea suficiente en tu vida o todavía sigues intentando llenar los requisitos por tu cuenta?

Que nuestra vida sea de gratitud por lo que hemos recibido, y no una lucha por alcanzar lo que solo Dios nos puede dar.

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