Antología de una universitaria anacrónica

El 12 de Abril del año 2012, mi universidad cerró, ese día no sabía qué iba a pasar. Esta antología es lo que ocurrió conmigo desde ese entonces, y con esto, queda cerrada la historia.

(Advertencia: Este escrito lo hago principalmente para mí, porque me gusta dejar registro de mi historia y aprender algo de ella. Si quieres leerla, eres totalmente bienvenido, quizás encuentres algo interesante, pero no puedo garantizarlo.)

Preámbulo

¿Alguna vez se han formado en una fila en el supermercado, pero se cambian a la de al lado porque parece que va más rápido, pierden su puesto, y la primera fila termina siendo la más rápida, luego ven que al otro lado hay otra fila no muy llena, se vuelven a cambiar, y resulta que, de haber permanecido en la segunda fila, también ya hubieran llegado? Bueno, eso me pasó en la vida universitaria. Me formé en muchas filas, y resulta que en la que terminé, fue la más lenta de todas, y llegué a la meta después que muchos que llegaron después de mí.

Hurgando en los registros de mi historia, he llegado a esta recopilación de mi travesía universitaria, durante este viaje adopté como seudónimo “anacrónica”, que quiere decir “error consistente en confundir épocas o situar algo fuera de su época” (RAE). Yo soy anacrónica porque viví una etapa en la que, cronológicamente, no debía haber estado, fui una falla del sistema.

En esta publicación encontrarán varias de mis voces a lo largo de los años, porque he unido fragmentos escritos en diferentes fechas, lo hago para ser más leal a mi mentalidad de cada momento, y no caer en solo dar mi interpretación actual. Aunque claro, esta vez traigo una versión más extendida de los hechos.

El resumen apretado de todo lo que voy a decir más adelante es este:

Comencé mis estudios universitarios a los 18 años recién cumplidos, en Octubre del 2007, y mi Universidad fue clausurada de manera definitiva el 12 de Abril de 2012, eso hizo que mi carrera se duplicara en tiempo y que me convirtiera en quien ahora soy. Nadie sabe de qué manera sería si algún evento importante de la vida no se hubiera dado, quizás algún otro evento me habría impactado de manera diferente, de todos modos, no hubiera permanecido igual; pero esta es mi historia del modo en que los sucesos ocurrieron, y mediante estas palabras, la abrazo.

Antecedentes

(Junio, 2010)

Cuando comencé a estudiar diseño le encomendé esto a Dios, y a la vez le dediqué mi carrera, le dije que quería servirle con esto también, que quería expandir su reino así, que si él me daba creatividad y me permitía desarrollarme en este ámbito yo le daría mis primicias, que no quería quedarme con el crédito sino darle la gloria sólo a él.

Año cero

Sobre el cierre de la Universidades E en Ecuador. (12, Abril, 2012)

Lo que viene a continuación es algo que quiero decir sobre la situación que está pasando en mi país, Ecuador, y que es algo que me afecta directamente.

El día de ayer, 12 de Abril de 2012, el CEAACES (Consejo de Evaluación, Acreditación y Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior.) dio su decisión final sobre un tema que venía ya desde hace varios meses, qué Universidades cerrarían por no cumplir con las normas básicas para su funcionamiento.      
Mi Universidad fue una de las clasificadas como “Inaceptables”, por lo que ayer amaneció con sellos en sus puertas y custodiada por policías.

Mucha gente se está quejando y dice que la resolución es algo injusto, me reservo el decir cuál es mi postura al respecto, pero creo que de nada sirve quejarse ahora, o buscar culpables, el plazo venció y se ha tomado una decisión, nos corresponde acatarla y hacer lo necesario para salir adelante con nuestros estudios, y además debemos buscar ser útiles para la sociedad y saber que nuestras profesiones deben estar al servicio del lugar donde vivimos, sea cual sea.

El gobierno, a través del CES (Consejo de Educación Superior) ha creado mecanismos para que los estudiantes afectados podamos continuar nuestros estudios (el Plan de Contingencia, que desde hoy tiene inscripciones abiertas).

Quiero aprovechar esta situación para dar algunos puntos que me parecen importantes (y algunos de ellos los he aprendido en estos últimos días):

1. La Universidad no lo es todo.    
Si le preguntamos a la gente universitaria, ¿Cuál es tu mayor aspiración en la vida?, creo que la mayoría dirá que obtener su título, ser independiente económicamente, formar su propia empresa, o cosas así. Y no digo que esté mal querer eso, pero eso no puede ser lo principal, es solo un medio que nos dará más herramientas para afrontar la vida. No es algo que en sí mismo nos pueda complacer, es temporal, y por lo tanto no es suficiente para que sea el fin máximo de nuestra vida.
La educación es importante, en realidad yo soy una adicta a estudiar y leer, PERO SÉ QUE DE NADA SIRVE EL CONOCIMIENTO SIN UN FIN (es decir, si no sabemos para qué ocuparlo), eso es para volverse loco, solo causaría frustración y una vida sin sentido.

2. El manejo de los tiempos            
¿Quién nos hizo creer que apenas se termina el colegio debemos entrar a la Universidad, y apenas terminamos la Universidad debemos trabajar y que mientras más tiempo estemos en un trabajo mejor?         
Tenemos en nuestra mente una estructura muy marcada de lo que se supone que se debería estar haciendo según la edad que tenemos, pero no todos somos iguales, así que no podemos hacer las mismas cosas a la misma edad.           
Y si “perdiste tiempo” durante los últimos años porque tu Universidad cerró, reconsidera si de verdad lo perdiste o si aprendiste algo que te servirá para el resto de tu vida. ¿Cuál es el apuro?

3. Buenos y Malos estudiantes       
No hay que caer en las generalizaciones, en las Universidades cerradas hay excelentes alumnos, como también hay de los malos, ¡En todo lugar es así! Pero nadie es mejor que los demás por el lugar donde estudia. (O por el país donde vive, o por su barrio, o por su familia).
De verdad quisiera que todo este proceso que comenzará para muchos (reubicaciones, pruebas, etc), se dé normalmente, y que se reconozca el merito académico de cada estudiante sin meterlos a todos en la misma bolsa de “universidad cerrada”. Me da pena por los malos estudiantes, pero no se puede tolerar eso, una Universidad, cualquiera que sea, no puede entregarle a la sociedad un “profesional” inepto. El subdesarrollo de los países está en la pereza de su gente en hacer lo que debe.

4. Tendremos algo que contar       
Ayer cuando me enteré de que mi Universidad cerraba, pasaron muchas cosas por mi mente. Qué voy a hacer, si me reubican en qué ciudad me quedo, que va a pasar con mis compañeros, cuándo los volveré a ver, qué piensan mis papás, qué cosas debería ver en todo esto, etc. Y la verdad es que yo misma me sorprendí de lo tranquila que recibí la noticia, ¿madurez?, ¡Más que eso, es la paz que Dios me da que sobrepasa todo entendimiento!
Lo que sé es que aprenderemos mucho de esta situación (si así lo queremos), y tendremos algo que contar, eso es una ventaja, aunque aún no se pueda ver así.

5. Empatía
Recuerdo el 27 de Febrero del 2010, fue el terremoto de Chile, tengo familia allá así que estaba pendiente de lo que pasaba. Veía las noticias, leía al respecto, estaba informada, pero para las demás personas acá en Ecuador, no pasaba nada, solo fue una noticia de los titulares de la que se habló un día. Yo seguía viendo fotos de cómo había quedado todo, seguía leyendo historias de gente que había perdido familia o sus casas, me contaban de las réplicas, pero acá no pasaba nada y el tema se olvidó. Yo me preguntaba por qué no le ponen más atención al asunto, es grave, hay gente sufriendo. Pero me di cuenta de que yo tampoco le ponía mucha atención a cosas que no me afectaban directamente. Pero, ¿cómo podemos ayudar a alguien si no nos dolemos con ellos?

Esto me hace pensar, a cuánta gente no podemos brindarle ayuda solo por falta de información, porque no entendemos su punto de vista ni lo que viven.

Me sé de memoria el Plan de contingencia, y muchísimos detalles de lo que está pasando y pasará al respecto y quiero decir que no sabría nada si yo no estuviera afectada, en realidad reconozco que no me importaría.      
Esa es justamente la mentalidad que hay que cambiar, quiero vivir pensando en los demás y buscando ayudarlos. Desde ahora quiero estar más informada de lo que pasa a mi alrededor, porque si no sé qué les pasa no puedo hacer nada para ayudar.

6. El plan de Dios     
¿Cuál es el plan de Dios para tu vida?, es una de las preguntas existenciales de muchísima gente. El plan general de Dios para la vida de todo ser humano es que lo conozcan a Él, y conocerlo en serio. Si estás seguro de que lo has conocido y aceptado, ya hiciste la decisión más importante de tu vida, deléitate en él día a día, con el tiempo descubrirás cuál es la labor específica que debes hacer.

Como les dije, me sé de memoria el Plan de contingencia, pero mi esperanza no descansa en eso, sino en Dios que es quien ya sabe cómo resultará todo esto.

7. ¡Ánimo!     
Mucha gente a más de estar enojada, está triste por todo esto que pasó, y todos esperamos que lo que viene sea bueno, pero como ya dije, la Universidad no lo es todo, y muchos se graduarán sin problemas, cumplirán esa meta, pero eso no arregla el resto de sus vidas.
Si ponemos las cosas en perspectiva, qué importan 2, 3, 4 o 5 años perdidos, lo que importa de verdad es no perder la eternidad junto a Dios, solo Dios nos da vida (pasado, presente y futura). Darle ánimos a alguien solo viendo la circunstancia y no ver que Dios puede cambiar la vida completa, es muy limitado, es ofrecer un placebo temporal y no una verdadera solución.

A los que estén en la misma situación que yo, les animo a que hagan todos los trámites necesarios para que la espera no sea tan larga. Pero sobre todo, que confíen en Dios (y no se puede confiar en quien no sé conoce, así que búsquenlo y conózcanlo).

Un Año Después

12 de abril de 2013

Hoy se cumple el plazo de un año que se les dio a las universidades intervenidas para cerrar por completo sus puertas y dejar de existir definitivamente, y debo decir que es un descanso para mí que así sea.

¿Qué ha pasado conmigo desde entonces?, les quiero contar la siguiente parte de mi historia.

Desde antes que mi Universidad cerrara, ya venía yo teniendo inconvenientes con estudiar en ese lugar (Universidad Cristiana Latinoamericana). Para comenzar, había mucha gente prejuiciosa que al ver que nuestra universidad estaba en la categoría más baja (E), en riesgo de cerrarse, ponía en duda nuestros conocimientos, (de hecho supe casos de algunos graduados que perdieron su trabajo por esa razón), nos encasillaban como gente facilista que decidió estudiar allí para no tener tantas exigencias, o como gente ingenua que a pesar de ver la mala calidad académica no buscó otra opción, otros eran más comprensivos y fueron de apoyo. Lo acepto, la calidad no era la mejor, principalmente por falta de equipos y porque los rumores también hicieron que los mejores profesores se retiraran. Si se preguntan cómo terminé estudiando allí, pues consideré que era la mejor opción en mi ciudad, y no quería irme a otro lugar; siempre he considerado que un lugar no me define, quien quiere estudiar, lo va a hacer sin importar mucho donde está.

Tenía incertidumbre sobre si mi universidad aprobaría la acreditación o cerraría desde que estaba en mi séptimo semestre, eso me hizo perder en gran parte mi motivación por estudiar y bajé mi rendimiento, eso me hacía sentir mal porque nunca en mi vida había tenido calificaciones tan bajas como las que tuve ese semestre.

Muchos estudiantes comenzaron a cambiarse de Universidad, pero las autoridades insistían en que no había ningún problema, que estaban seguros de que la Universidad sería aprobada; yo también comencé mis averiguaciones para irme, pero ninguna Universidad aceptaba recibirme en el semestre que me correspondía, en vista de mis pocas opciones decidí ir a estudiar en la matriz de mi misma Universidad, en Quito, los rumores decían que solo las extensiones de las universidades cerrarían.

El cambio fue algo duro para mí, nunca había vivido lejos de mi familia. Aunque hubo veces cuando me sentí sola, nunca lo estuve por completo, y sé que ese tiempo me sirvió para madurar mucho, conocer más a Dios y para estar dispuesta a tomar nuevos riesgos.

Estuve viviendo en Quito por 1 año. Mientras seguía mi incertidumbre sobre si mi universidad continuaría funcionando, mi motivación por estudiar aún no se recuperaba por completo. Un día, me ofrecieron una opción en la que nunca había pensado: la oportunidad de irme de intercambio, el país de destino sería Noruega. Al principio sonó muy loco, pero lo pensé más, lo compartí con mis papás, y decidí hacerlo, eso sería algo seguro para mi pase lo que pase, si mi Universidad permanecía abierta o si cerraba, yo me iría por 10 meses. Necesitaba una pausa para volver a ver las cosas en la correcta perspectiva. Creo que en ninguna otra situación de mi vida yo hubiera tomado una decisión así tan rápido. Necesitaba hacer algo significativo que me saque de la incertidumbre que estaba viviendo ya por mucho tiempo.

Tuve 4 meses libres antes de irme a Noruega, durante ese tiempo pensé para hacer todos los trámites necesarios para inscribirme en otra Universidad, ese tiempo no fue suficiente. Mi Universidad fue totalmente ineficiente, daban plazos y no los cumplían, además, se armó un caos entre tantos estudiantes que querían retirar su carpeta, otros que querían quejarse contra las autoridades y otros que querían organizar una marcha hasta el Palacio de Gobierno para decir que la decisión de cerrar nuestra Universidad era injusta; en fin, mucha gente con muchas intenciones diferentes.

Para cada trámite que uno quería realizar debía presentar primero un certificado de no adeudar nada a la Universidad, lo cual me pareció absurdo y corrupto, cobrar por una educación que ya no era válida porque no cubrió los requisitos mínimos. En mi impaciencia y poco tiempo, pagué los créditos que debía pagar para continuar los trámites. Nunca logré terminar los trámites, lo único que necesitaba era mi carpeta y los syllabus (contenidos) de las materias que había recibido.

Y es así como llegué a Noruega, llevo ya 8 meses aquí, y estoy feliz de haber venido. Es increíble cómo Dios usó toda mi situación que no tenía nada de buena, para moldearme, para ampliar mis horizontes, para mostrarme lo grande de su amor en formas tan evidentes que son imposibles de negar.

Dios cumple los deseos de mi corazón, porque Él es mi deseo más grande. Siempre tuve el sueño de viajar y conocer nuevos paisajes y culturas, pero ese era un sueño escondido por el que no pensaba hacer mucho al respecto, Dios lo cumplió. Son muchos los sueños que Dios va cumpliendo y eso alegra a mi corazón.

Aun así, durante todo este tiempo he tenido que estar pendiente de lo que pasa en Ecuador con respecto a mi Universidad, lo que significa que mi incertidumbre de qué pasará con mis estudios nunca desapareció, y también significa que a este ritmo me convertiré en la persona más paciente del mundo. Les dejé un poder notariado a mis papás para que hagan trámites por mí hasta que yo vuelva, ha sido genial como me han ayudado, pero no se ha podido concretar nada aún.

¿Saben qué? Se suponía que yo me iba a graduar en el año 2012, a mis 22 años, muchos amigos y conocidos de mi generación ya se han graduado, pero eso ya no me importa. Dios me ha mostrado su mano en mi vida de modos innegables y eso no lo cambiaría por nada; su mano en el mundo, porque conozco gente de todos los continentes que dan testimonio de lo que Dios está haciendo; su mano en la historia y en cada detalle de lo que pasa bajo el sol, su mano en mí, que ha logrado cambiar cosas en mi que creí imposibles.

Yo terminaré de estudiar mi carrera, tendré mi título de aquí a unos 2 años a lo mejor, pero es bueno saber que ese título de Ingeniera en Diseño Industrial y Gráfico que tendré, no es lo que me define como persona, es solo una herramienta más. (Además estando en Noruega he vuelto a mis viejos sueños, estaban empolvados con la industria. Quiero arte y literatura -entre otras cosas – en sus formas más puras.)

Esta es una historia que aún no tiene fin, pero tengo una certeza, y es que pase lo que pase Dios es siempre el mismo, así que decidí depender solo de Él, lo demás son solo detalles.

Dos Años Después

12 de abril de 2014

A algunas personas les gustaría poder retroceder el tiempo, ir a momentos decisivos de su vida para cambiar algo. Creen que su situación sería diferente si lo hicieran, que ellos mismos serían diferentes. No es que yo lo haya logrado, pero me pasó algo parecido. Hace 2 años yo estaba en 8vo semestre, ahora estoy en 1ro, 2do y 4to. He regresado, en cierto sentido, al pasado.

Este post es parte de mi historia personal, una historia en la que sigo embarcada (¿anclada?). Ya se las comencé a contar hace algún tiempo, así que considero importante darle seguimiento.

Hoy se cumplen 2 años desde que me quedé sin Universidad, y lo que sigue es lo que ha pasado en mi último año.

El precio de mi idealismo    
Lo que me pasó a mí, nunca le hubiera pasado a una persona menos idealista que yo. Mi problema fue que yo creí que lo que era justo que pase, pasaría: que el sistema me daría la razón y que la educación que me garantizaban me sería dada. Pero ¿quién confía en el sistema en estos días?, seguramente debí haber dudado más.

Y me fui        
Mi tiempo en Noruega fue muy especial (productivo, asombroso), y no lo cambiaría por el título que tarde o temprano tendré (y que si no me hubiera ido, ya tendría).
En esos 10 meses, fuera de mi zona de confort y lejos de lo que era conocido para mí; aprendí cosas que me acompañaran por el resto de mi vida, cambié cosas “imposibles” de cambiar en mí y gané amistades valiosas que no pienso dejar.

De regreso: el comienzo de la travesía      
Volví a Ecuador en Junio (2013), optimista pensé entrar a clases en Agosto. No contaba con la cantidad de trámites que me esperaban; me sentí como una pelota de pin pong, lanzada involuntariamente de aquí para allá. Demasiados rebotes para mi gusto.

Según todos decían, mi caso era “especial” (raro, fenómeno); muy largo, complicado, lleno de detalles de mi historia que parecía que poco importaban; en medio de esto sentí ser un número más en las filas de los “estudiantes de Universidad cerrada”.

Una larga espera      
La nueva Universidad (PUCESA – Pontificia Universidad Católica Sede Ambato) debía revisar mis materias aprobadas y convalidarlas según su pensum, pero debía esperar un semestre más, hasta Enero. Mi ausencia de otras opciones me quitó la posibilidad de negociar, así que entregué mis papeles y esperé….. y esperé, y seguí esperando.

Durante le espera hice algunas cosas: pude disfrutar de tiempo en familia, fui traductora para varios grupos misioneros (mayormente médicos), viajé dentro de Ecuador, y fuera: fui de visita a Chile (después de 8 años sin ir), retomé mi arte (principalmente el dibujo), descansé y leí mucho.

Disfruté mucho este tiempo; claro, mientras no recordaba mi incertidumbre. Fueron meses agridulces.

Perdida
Por fin el resultado en la Universidad estaba listo, y el esperado resultado me quitó las esperanzas: me mandarían a 2do semestre. Me sentí perdida, quise abandonarlo todo. Mis intentos por ver hacia mi futuro eran como balas perdidas disparadas sin un blanco definido. Quise irme a algún lugar donde la etiqueta de “estudiante de Universidad cerrada” no me definiera.

Unos cuantos (muchos) tediosos trámites después, pude ingresar a otra Universidad (Universidad Técnica de Ambato), aunque no con resultados muy diferentes. Me aprobaron 12 materias, de más de 40 que tenía aprobadas.

Reinicios
Esta semana fue mi primera semana de clases. Para el próximo semestre pediré rendir evaluaciones para aprobar varias materias de las que considero tener el conocimiento adecuado. Mi pronóstico es que me quedan aún entre 2 años y medio a 3 de Universidad.

Siento que con mi último viaje se quemó mi aeropuerto. No podré salir por algún tiempo, y eso me duele más de lo que puedo decir. Mis planes de viajar por el mundo y estudiar otras cosas se postergan, o al menos se limitan a las vacaciones. Estaré planeando estrategias, haciendo prototipos y mirando mapas en los recesos.

Mi concepto de “estar bien” ha sido moldeado con un doloroso cincel llamado paciencia, y junto con este, varios otros conceptos. Ahora puedo decir sinceramente que estoy bien, pero no de acuerdo a lo que “bien” significaba para mí hace 2 años.

Sinceramente agradecida   
Sé que Dios no ocasionó mis problemas, pero en medio de ellos me moldeó y estuvo cercano. También me bendijo con gente especial en la que pude apoyarme. Estoy enormemente agradecida.

Creo que le di mucha importancia a cosas que, después de todo, son pasajeras. Ahora sé que ni la más incierta de las circunstancias que pueda venir a mi vida es capaz de quitarme la certeza de que en Dios mi futuro es seguro. Mi identidad está en Él.

En lo que a mi corresponde, seré la mejor estudiante/compañera/amiga que pueda ser y buscaré reflejar el amor de Dios en todo.

Cinco Años Después

12 de abril de 2017

Una de las cosas que más me gusta de escribir es volver a leerme después de un largo tiempo; es como un viaje en el tiempo que me permite conversar conmigo misma. Comparo mi modo de pensar de ese entonces con el actual, y en varias ocasiones reaprendo buenas prácticas que por descuido he dejado de lado.

Hoy, 12 de Abril, es una fecha memorial para mí porque fue en este día, hace ya 5 años, que la universidad donde estudiaba, cerró. Ese día, escribí un artículo en respuesta a mi situación, y los 2 años siguientes también lo hice. Quería escribir algo en esa fecha cada año hasta graduarme, después de eso daría por terminada una fase más de mi vida y la dejaría ir. Pero al tercer año, hablar al respecto dolía, y escribirlo hubiera dolido más, por eso no lo hice.

¡Y aquí estoy otra vez, lista para contar las crónicas destacadas de estos últimos 3 años!

No intentaré ser breve, intentaré poner todo lo que importe, quizá incluso cosas que en ocasiones anteriores decidí omitir.

Comencé bien

Mi primer año en la nueva universidad (la UTA) fue desafiante, porque antes de eso yo llevaba ya 2 años sin estudiar, era más independiente y con una mentalidad para nada jerárquica. Entré con la meta clara de destacar, dar mi mejor esfuerzo y siempre hacer conocer mi opinión. La estrategia funcionó, los profesores y muchos compañeros me tuvieron en alto concepto. Sentía que mi responsabilidad era ser la mejor, después de todo, era mi segunda vuelta en la universidad, y eso debía notarse, quizás también era (y sigue siendo) una cosa de orgullo personal.

Las clases no estaban mal, me gustaba compartir con mis compañeros y ayudar en lo que pudiera. Aparte de ir a la universidad, no tenía muchas otras actividades, así que mi tiempo estaba destinado a cumplir bien con todas mis tareas.

Colapso del Sistema

Desde que ingresé a la Universidad, a la par de las clases, tuve que seguir una serie de tediosos trámites para saber si podía o no convalidar más materias (Hasta ahora no las puedo convalidar), y también para poder tomar más créditos por semestre. Mi mayor objetivo era salir lo más pronto posible de ahí, pero solo encontraba puertas cerradas, no veía que el tiempo de mis estudios pudiera disminuir.

La motivación bajó, sentí que mi sistema colapsaba, pero ya no podía renunciar, debía quedarme ahí hasta terminar lo que comencé. Así que comencé a hacer algo que me había prometido a mí misma que nunca haría: dar el mínimo. Me importaba pasar, y ya me había dado cuenta de que no era necesario dar tanto de mí para lograrlo.

Para ese entonces, yo ya me había creído lo que la gente (compañeros y profesores) decía de mí: que era buena; e hice algo que tampoco debí haber hecho: subestimé a los demás, creí que era fácil ser mejor que ellos.

Al seguir pasando el tiempo, y al verme atrapada, comencé a avergonzarme de mi historia. Ya no podía vivir de experiencias pasadas (viajes, ser traductora, mis habilidades), y lo que tenía en ese momento no me satisfacía, solo me avergonzaba. Ya no quise contar por qué tomaba clases de tantos semestres diferentes, ni cuáles eran mis aspiraciones después de graduarme, por primera vez en mi vida sentí vergüenza de decir mi edad, porque se suponía que ya debía estar graduada. No creí que nadie podría entender mi caso, entonces para qué hablar.

Le apuesto al conocimiento, chao diseño

Y mi decepción fue más allá todavía, pensé que ya no quería dedicar mi vida al diseño, que debía graduarme, pero que sería una actividad secundaria para mí. Creí que ya sabía lo suficiente como para ejercer, y no sentía que las materias que me impartían tenían valor para mi vida.

Mi actividad principal sería el conocimiento, quise ser una estudiosa, una persona académica, y durante mis tiempos libres leía, nunca practicaba diseño. Ya había comenzado a estudiar teología, y mi enfoque principal era leer y saber más. Sí, aprendí más de lo que sabía, pero era frustrante no tener más tiempo para eso porque debía ir a clases y hacer deberes. Me sentí mal porque que no podía cumplir bien con ninguna de las 2 cosas. Si estudiaba más, descuidaba el diseño; si diseñaba más, descuidaba la teología. Odié sobre todo los trabajos en grupo y los horarios de clase de la noche. Ya casi no tenía tiempo para descansar, mis descansos los tomaba sacrificando responsabilidades, y como sentía culpa de descansar, mentalmente seguía cargada, por más que durmiera mucho, mi energía solo se recuperaba parcialmente.

Con el tiempo comencé a sentirme mal por no dedicarle más esfuerzo al diseño, me di cuenta de que mis compañeros iban mejorando, y yo me iba quedando atrás. Mi orgullo no podía permitir eso. Se que el orgullo no debería ser lo que me mueva, pero admito que eso fue una gran parte de lo que me movió a querer nuevamente mejorar mi nivel de diseño. Tenía que buscar mi sello personal, algo en lo que me especializara para diferenciarme del resto… y lo encontré:

¡Quiero ser ilustradora!

Examinando mis habilidades y mis gustos, pude recordar que desde tiempos inmemorables yo quise ser artista. Ya sé, diseño no es lo mismo que arte. Y por mucho tiempo me martiricé por tener que elegir entre uno de los 2, y llegué a la conclusión de que quería a ambos, pero si alguna vez debía tener un favorito entre los 2, sería el arte quien ocuparía el primer lugar.

Decidí ser ilustradora, y comenzar un proceso de manera pública, entonces lancé mi proyecto de una ilustración por semana durante un año (que terminó el 21 de febrero/2017). Comencé a esforzarme por esa causa, a buscar tutoriales, videos de ilustradores que pudiera utilizar como referencia, consejos de productividad, y mucho más.

Tener una meta clara que seguir me dio sentido. Mientras sentía que en tantas cosas de mi vida no tenía el control, esto era algo que quería, y de mí dependía el ritmo al que progresara.

La Gran Crisis

Me quemé, las fuerzas me abandonaron, mi visión se nubló. Lo que siempre tuve claro es que no podía rendirme en mi meta de seguir ilustrando, dejé de hacer muchas cosas (entre ellas el seminario y mi participación como diseñadora y colaboradora de la CECE – Comunidad de Estudiantes Cristianos del Ecuador), no fue fácil hacerlo, y mi enfoque se mantuvo en progresar como ilustradora y en volver a encontrar el sentido de las cosas.

Todo vuelve a su nivel

Ha sido un largo camino, y para ser sincera, si yo hubiera sido más consciente de todo el tiempo que tendría que volver a estudiar en la Universidad, no lo habría hecho. Si hubiera sabido como iban a ser las cosas, seguramente hubiera buscado una carrera afín al arte en otro país, quizás incluso ya estaría graduada habiendo comenzado desde cero.

Pero la historia no se cambia, solo hay que aceptarla y aprender de ella. Creo que ahora soy más realista.

No los subestimes

Es bueno conocer como compañeros a quienes serán mi competencia más adelante. No me puedo dormir, muchos de ellos son buenos (o tienen el potencial para ser buenos), y sé que por el avance de la tecnología y por la globalización, para las nuevas generaciones cada vez es más fácil comprender la cultura visual y adentrarse en ella como diseñadores. Ya no los subestimo. Confío en mis capacidades, pero sé que ellos también seguirán luchando por ser mejores.

Oportunidades abiertas otra vez

Por si se lo preguntan, no, todavía no me gradúo. No me gusta dar pronósticos, pero al parecer me falta un año más. Incluso mentalmente ya me voy sintiendo más libre.

Creo que he sido algo loca, he intentado varias cosas en la vida y no me he quedado lo suficiente como para decir si funcionan o no para mí. Quise, y aun quiero ser escritora, ser teóloga, ser políglota, ser ilustradora y ser diseñadora. Debo enfocarme en menos a la vez, no haré malabares por tiempos prolongados, pero es un alivio haber reducido mis intereses a solo 5.

Seis Años Después

12 de Abril de 2018

¡Hola! Vengo a contar un capítulo más de una historia que para este momento en el que escribo, ya debería haber terminado. Entonces me pregunto, ¿y ahora qué escribo?, ¿qué le digo a la gente? ¿qué me digo a mí misma? ¿cómo me justifico?

(Al final ese año no decidí qué contar, así que no conté nada. La tesis la comencé en Octubre del 2017, demoré un poquito más de un año, a pesar de que quería demorar solo un semestre. Me detuvo mi ánimo y tener que pensar en mis materias por convalidar, para las que tuve que dar exámenes, así que tuve que estudiar un poco de estadística, de packaging, de photoshop, y hasta de word jaja, hasta el último tuve una materia de primer semestre pendiente).

Siete años después 

12 de Abril, 2019

¡Wow! 7 años fueron necesarios después del cierre de mi universidad para por fin tener mi título. El día 27 de Febrero tuve mi defensa de tesis, y el 29 de Marzo fue mi ceremonia de graduación. El mundo se ve diferente ahora, porque soy libre de mi gran condena universitaria.

Definitivamente nunca hubiera pensado que me tomaría tanto tiempo, y ahora que ya todo a terminado, la historia parece un chiste de mal gusto. Ya me imagino cuando tenga hijos en unos cuantos años más, y me pregunten: ¿En serio demoraste 10 años en la universidad para ser diseñadora?, y yo riendo les voy a decir que sí, y que ni siquiera era eso lo que más quería en la vida.

Tuve muchas trabas hasta el final, como por septiembre del 2018, dudé una vez más sobre si lo lograría, y estuve dispuesta a perderlo todo. Mi tramite de convalidación no pudo hacerse hasta el final, y tuve muchos problemas de comunicación con las autoridades de la Universidad, que me juzgaron de descuidada por no arreglar ese asunto antes. ¿Qué podía yo decirles? ¿Hubieran entendido que durante los momentos que dejé de interesarme por los trámites era porque estaba sumida en la tristeza y quería concentrarme en aprobar las materias que estaba tomando? ¿Hubieran mostrado empatía si les contaba cómo me sentía, o toda debilidad hubiera sido usada en mi contra?

Es tan incomprensible el modo en que uno debe insistir para conseguir lo deseado, cuando de trámites se trata. Me hubiera sido imposible lograrlo si me hubiera regido al orden regular. Tuve que escalar en el organigrama, hablando cada vez con personas de mayor cargo en la universidad, y en una de esas, me quebré y no pude contener el llanto. Una autoridad (me reservo de dar nombres o cargos), me dijo que debí haber acudido a él antes, yo le dije que ese no era el orden regular, que si le parecía bueno tener que saltarme a alguien en la cadena de autoridades, algo estaba mal. Otra autoridad, que me quería mantener callada sin decir que la universidad tuvo gran parte de la culpa, me dijo que ya no iba a mover un dedo por mí. Sí, le caí mal a mucha gente, pero ¿qué opción tenía? De alguna manera, todo eso debería cambiar, un estudiante debería siempre conservar el derecho de dar su versión de los hechos, y no ser reprimido.

Para escribir este capítulo final, leí toda mi historia hasta ahora, y me quedé con una sensación muy bonita, de haber vencido, y de poder pasar al siguiente nivel. Ya mencioné desde el inicio, que esta experiencia me daría mucho que aprender y que contar, y me alegro de no haberme equivocado. ¡Cuántas historias buenas me han dado estos 10 años!, seguramente a lo largo de mi vida irán saliendo en mis conversaciones, y me vendrán a la memoria cuando necesite ser paciente en algún asunto.

Quiero rescatar algunos factores de mi aprendizaje, que son los que considero de mayor importancia en este momento:

Ego

Confieso que a lo largo de los años me he considerado superior a la mayor parte de gente, y varios comentarios de gente han reforzado ese concepto en mí en reiteradas ocasiones; como cuando mis compañeros o profesores me decían que era buena, o cuando a la gente le comenzó a gustar mi manera de escribir, o incluso las muchas veces que me han dicho que soy muy humilde (gracias, lo sé). Pero, al final de cuentas, esa imagen propia me jugó sucio varias veces, porque por creerme mejor, dejé de esforzarme, creí que era algo que fluía natural. Y no. Si uno se queda quieto, se estanca, y se nota, se nota mucho.

Dolor

Esos huecos en mi historia, los períodos de tiempo en los que no escribí, fueron los más dolorosos y oscuros para mí. De verdad la pasé muy mal, pisé fondo, y no quiero olvidar que eso ocurrió. Cuando uno vence un obstáculo tiende a mirar para atrás y olvidar lo difícil que fue vencerlo, tiende a romantizarlo, e incluso decir que todo estuvo bien, que no dolió para nada. Yo acepto que lloré mucho, sufrí, tuve malestares físicos (dolores de cabeza constantes, necesidad de dormir demasiado, poca concentración, mareo), sentí lejano a Dios, me aislé de la gente, fui egoísta, dejé de hacer planes porque me dolía saber que no podría llevarlos a cabo. Quiero recordar todo eso, porque solo así puedo aprender de lo ocurrido. Ahora comprendo mejor los límites a los que puedo llegar, y de donde puedo salir.

Antes de estos años, si alguien me hubiera contado esta historia, sin decir que me pasaría a mí, yo hubiera dicho que para mí sería imposible pasar por todo eso, que no me alcanzaría la paciencia. Pero fue posible. He expandido mis límites.

El precio

Si de buscar culpables se trata, la culpa fue del sistema, que hizo que mi universidad cerrara, o de mi Universidad, por no cumplir con los requerimientos. Puede haber muchos culpables, incluso yo misma por confiar en la primera universidad. Pero aun con todos los factores puestos en la mesa, si hubiera elegido no irme a Noruega, me hubiera graduado unos 5 años antes. Así que entre sumas, restas y ecuaciones, poniendo la responsabilidad de mi lado, el precio de mi viaje a Noruega resultó ser de 5 años más de estudio, y un año sin estudiar. Y pensar que me dijeron que el viaje y la estadía de 10 meses sería gratis, jaja.

Durante estos últimos 6 años, con frecuencia me preguntaba si cambiaría toda mi experiencia en Noruega por obtener de inmediato mi título profesional, y la respuesta siempre fue: no, no lo cambiaría. Si tuviera que volver a elegir irme de intercambio, aun sabiendo todo lo que tendría que pasar después, igual lo haría.

Mi viaje a Noruega es una de las experiencias más significativas que he tenido en la vida, y ahora por fin, he saldado la cuenta completa.

Paralelismo

Si volver el tiempo fuera posible, elegiría otro modo de pago para mi viaje a Noruega, no hubiera elegido los 6 años de incertidumbre universitaria, me hubiera ido a estudiar arte, quizás a otro país, comenzar algo desde cero hubiera sido más barato en tiempo. Pero si uno supiera el resultado de cada decisión otra sería la historia.

Fe

A nivel de creencias, me hice muchas preguntas, que en otras circunstancias solo había especulado en tercera persona, nunca a nivel personal. Me apresuraría si en este espacio expusiera mis conclusiones, porque no creo tener muchas, así que solo dejaré planteados algunos asuntos: ¿Por qué Dios permitió que todo esto sucediera? ¿Por qué la expresión de la fe cristiana es tan diferente en diferentes culturas y denominaciones de iglesias? ¿Quién tiene realmente la verdad? ¿Son coherentes mis creencias de toda la vida al enfrentarlas a mis problemas actuales? ¿Cuál es el rol que tengo como cristiana? ¿Cuánto sincretismo existe entre religión y cultura? ¿está bien? ¿Cuáles son las partes negociables en la escala de valores cristianos?

Durante estos años he podido, en cierta medida, analizar algunas de mis creencias que, por haber nacido en una familia cristiana, simplemente daba por sentado. Considero que una fe que nunca es puesta a prueba, y que ante un argumento contrario solo se esconde, no tiene un verdadero fundamento. Dios sigue siendo real en mi vida, y toda mi vida quiero agradarlo.

Riesgo

De no haber sido por el riesgo de cierre de mi universidad, yo no hubiera tenido la necesidad de arriesgarme a vivir sola en otra ciudad, mucho menos hubiera aceptado la idea de un intercambio a otro país, vivir sola en Quito fue mi preparación para después volar a Noruega por 10 meses, y Noruega fue mi preparación para ver la vida de otra manera, y enfrentar mejor las nuevas cosas que vendrán. Así que la moraleja aquí es: ¡Lánzate! Recuerdo en Noruega haber tomado la costumbre de enfrentar mis miedos. Una vez cuando me preguntaron qué quería hacer, dije que quería dar reflexiones en los colegios, y esa era una de las cosas que más temía en la vida: hablar frente al público. Y en esa ocasión debía hablar en inglés, a un grupo de estudiantes noruegos, por lo que debía intentar ser muy clara. Recuerdo mis estudios personales para preparar esas reflexiones, y recuerdo que buscaba las palabras precisas para decir, y practicaba estando sola. ¡Cuánto me sirvió esa experiencia!, y sé que no la realicé a la perfección, estuve muy lejos de eso, pero el sentimiento de triunfo al terminar ha sido de lo mejor que he sentido en la vida. “Los imposibles no son imposibles”, me decía, siendo yo una persona tan tímida durante toda la vida. Me sentía invencible, y me emocionaba saber que, al vencer ese tipo de obstáculos de nivel avanzado, al volver a mi país, a mi propio idioma, todo sería de un nivel más fácil.

Actualmente, debo recordarme más seguido que los imposibles no suelen ser imposibles si uno se decide a enfrentarlos, debo darme a mí misma esa patadita al agua para arriesgarme.

Valor (humano)

La vida es mucho más que una profesión, pero en nuestras conversaciones diarias se nos suele escapar el utilitarismo, y a veces nos delatamos, cuando la pregunta más común para conocer a alguien suele ser: ¿Qué haces? ¿A qué te dedicas?, como si ese fuera el modo de definir el valor de cada persona. Yo nunca he creído que el valor se determine así, creo que la identidad de cada quien va mucho más allá. Pero, durante estos años de ser una estudiante anacrónica, muchas veces me dolió el orgullo al responder a esa pregunta con un: “aún estoy estudiando”, varias veces la pregunta que seguía era: “ah, pero ¿cuántos años tienes?”, y después de responder, solía seguir mi excusa para aun seguir en la universidad. Si no daba la excusa, me sentía mal, porque no se supone que alguien de mi edad siguiera en la universidad. Leí muchas respuestas en las expresiones de la gente, algunas de lástima, otras de pena, otras de ego, por ser mejores personas que yo, y otras cuantas más, de comprensión.

Estando a solas, muchas veces reflexioné haciéndome la pregunta de: ¿Qué es lo que de verdad me define? Decidí que nunca me definiría solo mi profesión, y decidí ver el valor humano intrínseco en otros, eliminando mis prejuicios basados en el nivel de formación de la gente, en su aspecto, sus posesiones, o en mis propios estereotipos.

Tiempo

Soy una flor tardía, no florecí al mismo ritmo que los demás. Pueden decir que soy muy lenta. Está bien. La rapidez no garantiza éxito, y el éxito puede ser muy relativo. Simplemente me corresponde seguir avanzando, sin hacer muchas comparaciones con los demás, y más conmigo misma para ver si estoy siendo coherente con mi identidad.

Al haber tenido una etapa universitaria tan larga, considero que ahora estoy atrasada en la vida profesional, no tengo tanta experiencia, pero qué importa, yo tengo experiencia en otras cosas, que nadie jamás pediría en un currículum, pero que me hacen sentir muy satisfecha de quien soy.

Idealismo

Pasé por momentos muy oscuros, en los que la realidad me dolía. En esos momentos, al mirar hacia atrás, a mi idealismo de tantos años, no le encontraba razón de ser, me veía a mí misma como ingenua y hasta tonta. Ahora veo que lo tonto del idealismo no es tener altos ideales, sino no luchar por ellos. Debí haber luchado más duro desde antes, debí creerme desde niña cuando quise ser artista, y no dejarme llevar por las voces “de la experiencia”, que decían que eso no era un trabajo sino solo un hobby.

En varias ocasiones he necesitado mirar hacia atrás, y releer los motivos por los que quiero que mi vida valga. A veces me visualizo siendo niña, y me digo: “tú sí que sabías lo que querías, debí haberte creído desde el inicio”. Me alegra mucho haber llegado hasta aquí aceptando mi idealismo, y en una versión que intento seguir mejorando.

Quiero arte, mucho arte en mi vida, ese es el sueño persistente que no podré calmar de ninguna otra manera sino poniéndolo en marcha. Falta mucho por recorrer, pero me gusta que todo este discurso termine aquí, en el arte.

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