La historia de Sarah

(Reciclaje de un texto mío que encontré de octubre del 2014, con partes aumentadas por el bien de las transiciones).

Todos tenemos algo que contar, eso dicen. Sarah nunca creyó que fuera cierto; no creía tener nada que contar. Se consideraba el extra de la historia de alguien más.

— Somos demasiadas personas en el mundo como para que todas logremos ser felices. Alguien debe sacrificarse y lastimosamente, esa parte me tocó a mí. — decía ella, intentando sonreír.

Conocí a Sarah mientras ibamos juntos al colegio. Ella era una de las mejores estudiantes. Yo, uno de los peores. Ella solo hablaba de los estudios. A mí, me molestaba tener que pensar en el colegio más de lo absolutamente necesario.

Éramos completamente diferentes, tal vez por eso, ella fue invisible para mí por más de cuatro años siendo compañeros.

A veces deben suceder situaciones extremas, para que uno por fin abra los ojos y se cruce con la mirada de alguien que siempre estuvo ahí.

Ese día, ella llegó tarde a clases, pero su mamá la acompañó hasta la puerta del aula, así que le permitieron entrar.

— Buenos días. — Fue su tímido saludo al profesor mientras caminaba a su puesto mirando hacia el piso, notoriamente nerviosa.

Todos nos dimos cuenta por el aspecto de sus ojos, que había llorado, y mucho, quizás toda la noche; pero nadie se atrevió a preguntarle qué había pasado. No es que no quisiéramos saber, es que sabíamos que de todos modos, no le contaría a nadie.

En ocasiones, los profesores suelen ponernos en aprietos, he llegado a pensar que incluso lo disfrutan. Cuando llegó el final de la clase, se nos asignó una tarea en parejas. Ya supondrán a quién se le asignó trabajar conmigo: sí, a Sarah.

Creí que era un chiste que el destino me jugaba, con mi profesor como patrocinador. Yo sabía lo que debía hacer. Lo que ella siempre hacía: solo hablar de los estudios. Hacer el trabajo y no hablar de nada más.

El timbre de salida sonó. Decidido, me paré para hablarle y fijar la hora a la que nos reuniríamos. Pero ella salió corriendo.

— ¡Sarah, espera. Tenemos que ver cómo hacemos el trabajo! — Le dije mientras se alejaba apresuradamente, pero en el fondo tenía la esperanza de que no regresara a ver; eso sería excusa suficiente para decirle al profesor que ella fue quien no quizo trabajar.

Afuera del colegio, vi que la misma señora que más temprano la fue a dejar, tenía apuro por retirarla. Pero al ver que yo la llamaba, la obligó a regresar a mí.

Señora, no es tan urgente, llévesela nomas. — pensaba yo, mientras Sarah caminaba de regreso hacia mí.

— Miguel, ¿podemos hacer el trabajo en tu casa esta tarde?

— Eh, bueno. ¿Qué te parece a las 4pm?

— ¿Me anotas tu dirección? — preguntó, mientras me pasaba un cuaderno

Anoté la dirección, la verificó y nos despedimos.

Se fue corriendo, y por el apuro en cerrar su cuaderno, se le cayó un papelito doblado. Lo tomé, pero no tuve el valor para entregárselo, porque al tomarlo leí que decía: No te vayas, papá. Era una carta, un tanto arrugada, y escrita con letra temblorosa. No quería leerla, pero la curiosidad me ganó.

Me enteré de la razón por la que ella no podía sacar malas notas; era que si lo hacía, perdería su beca, y eso no podía pasar. Su mamá era empleada doméstica, el dinero apenas y les alcanzaba, y ese día que ella llegó tarde a clases su papá había viajado otra vez a España para trabajar. Ella le había rogado tanto que no se fuera, que lo necesitaba, que ella seguiría siendo la mejor estudiante. Pero, ser la mejor no era suficiente, y por eso lloró. Lloró mucho, mientras escribía la carta, hasta que se quedó dormida.

El día que fue a mi casa, ella ya tenía otra vez su máscara puesta, la de estudiante modelo; perfecta y responsable. Sí, ella siguió siendo la mejor, y pronto todos olvidaron ese corto episodio de su debilidad. Pero yo supe, que nunca la volvería a ver igual.

Sarah, quisiera ver tu rostro tras la máscara, y escuchar tu voz tras la aparente perfección.

Tienes tanto que contar, y seguramente tienes una voz muy bonita.

Hay gente a la que debemos contarle su propia historia, y puede tomar tiempo que la acepten y quieran contarla ellos mismos.

2 comentarios sobre “La historia de Sarah

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