T-Bitácora #5 Emergencia Sanitaria

Semana del Sábado 8 al Domingo 15 de Marzo

Las cosas pueden cambiar mucho de un instante al otro. Puede que en algunos momentos de la vida nos sintamos en mayor control de nuestras circunstancias, pero no es así. Somos muy limitados y frágiles, siempre lo hemos sido, solo que a veces la ilusión de la autosuficiencia se presenta tan convincente que, aunque a nivel teórico nos reconozcamos pequeños, vivimos dando por sentado nuestra seguridad.

El anuncio del COVID19 como pandemia ha sido una sacudida de recordatorio de que esas cosas que veíamos como seguras, en realidad ya no lo son. El salir a la calle, ir de compras, al cine o a algún evento cualquiera, muy de pronto pasaron de ser normales a ser imprudencias que pueden poner en riesgo nuestras vidas y las vidas de nuestros cercanos.

Este virus, que es invisible de síntomas en su primera fase, nos ha mostrado una amplia gama de síntomas a nivel social y personal que no deberíamos pasar por alto. Como en toda crisis, nuestros miedos, inseguridades, motivaciones, prioridades, etc., han salido a flote y nos confrontan. ¿Qué es lo que de verdad importa? ¿Vale la pena lo que estoy haciendo actualmente? Es incómodo – pero si nos analizamos a consciencia y con la ayuda de Dios, a quien debemos pedir sabiduría e inteligencia – este podría ser un momento para romper paradigmas personales o sociales que en otras circunstancias no estaríamos dispuestos a negociar. (Por ejemplo, quizás en medio del aislamiento – que quien sabe cuanto dure – podamos por fin adquirir una consciencia más ecológica a largo plazo y dejar un poco el consumismo; o quizás surjan ideas creativas que puedan expandir nuestros horizontes de trabajo).

Quizás no sea oportuno nombrarlo, pero un versículo que me ha acompañado mucho durante las últimas semanas es este:

El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Juan 12:25

La vida es una paradoja, si buscamos solo nuestro propio bien terminaremos perdiendo el sentido de todo. Es en la renuncia a nuestro ego donde podemos redescubrir el mundo y ofrecer lo que podríamos llegar a ser, no en función de uno mismo, sino de la entrega al otro. Quien está dispuesto a renunciar a lo que más quiere, ese recibirá de vuelta la libertad que da vivir para una causa más grande que para uno mismo, donde lo que prime sea el amor a Dios y al prójimo.

Si ya he renunciado a mí misma, el temor se reduce, porque no tengo que cargar todo el tiempo con la expectativa de perfección, con la presión del constante buen rendimiento y mis ansias de bienestar. Esto no quiere decir que dejaré de esforzarme o cuidarme, pero puedo descansar en que le he entregado mi vida a Dios y en sus manos sí entra todo lo que yo no puedo abarcar.

Si el perfecto amor quita el temor, este es un buen momento para practicarlo y comprobarlo.

PD: Por el momento regresé a Ambato, mi ciudad de casi siempre, y me quedaré aquí no sé hasta cuando, creo que es importante mantenernos aislados al mayor punto posible. Aun no sé si en mi seminario las clases seguirán normales, espero que no.

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